Miss Costa Rica Universo 1954 - primera finalista - octavo lugar:

  

La noticia de su clasificación causó revuelo entre los ticos, acalló las voces que atribuían su futuro a su posición económica. Aunque el concurso Miss Universo se inauguró en 1952, no fue sino hasta dos años después que Costa Rica envió su primera representante; un honor que le correspondió a una impresionante trigueña de la crema y nada de la sociedad de esos tiempos, que consiguió, además, de figurar entre las quince semifinalistas.

La puntuación obtenida la colocó en una honrosa octava posición y aunque Marian no pasó a la fase siguiente entre las cinco primeras, esa fue una de las dos ocasiones en que nuestro país estuvo más cerca del máximo galardón de belleza.

De cinco pies, siete pulgadas de estatura, esbelta y de aire aristocrático, Marian era una joven de 18 años cuando vivió esa emocionante experiencia. Amante de la natación y recién egresada del Colegio Lincoln, deslumbró al jurado local que clasificó a las candidatas en traje de baño en una sesión privada en una finca de recreo y en traje de noche, un día después, en el Teatro Ravéntos. Entre los méritos que resaltó el jurado calificador para fundamentar su designación,  según consta en los comentarios vertidos en los diarios de la época, estaba "la apacible belleza de su rostro, la magnífica línea escultural, la distinción de sus ademanes, el armonioso caminar, su simpatía y su amplia cultura, y dentro de todo ello, su admirable sencillez". Todo eso era algo que la costarricense sabría capitalizar muy bien en el exterior.

  Aún conserva el trofeo y la cinta de recibió, así como el vestido de "concha" (regional) que lució en Long Beach. Pero de dinero, !nada! sin embargo, la joven, hija de don Rodolfo Esquivel Carranza y de doña May Mckeown, gozaba de una acomodada posición  económica que la respaldaba como para no reparar en detalles y sus padres gustosos afrontaron los gastos.

 

Con maletas repletas y muy segura de sí misma, partió la joven reina dispuesta a no reducir la experiencia a un simple viaje de placer, sino a disputar con espíritu competitivo el centro... o cuando menos. una disposición destacada que sacara a un pequeño punto geográfico como Costa Rica, del anonimato que podía envolver por esos años a un país centroamericano. Su espontaneidad y su aplomo se reflejan en todo momento y aprovechó cada entrevista para demostrar su dominio del inglés sin el menor asomo de nerviosismo.

La política internacional tuvo sus implicaciones en el certamen aquel año al negársele la visa a la representante de Grecia, Ryca Dialyma, de acuerdo con la Ley Mc Garran, por haber colaborado en una revista comunista.

A Marian, por su parte, no le faltaron propuestas para incursionar en el cine, incluso conoció personalmente a Tony Curtis y otros famosos de esos años. Pero la actuación no iba con su personalidad, ni con sus planes y simplemente decidió quedarse en los Estados Unidos, al lado de sus tías.

Allá conoció al empresario peruano Juan Grant, dueño del Hotel Winston, con quien viajó a Costa Rica poco después para casarse. Luego regresaron a Norteamérica donde fijaron su residencia.

 La gente tenía fresco el recuerdo de su magnífico papel en Miss Universo y muchos curiosos asistieron a su boda en la Iglesia Santa Teresita. Hoy Marian está agradecida con Dios por el don de la vida, especialmente después de dictaminársele un tumor del que dice fue sanada milagrosamente. Tras envuidar en 1970, Marina regresó a su querida patria. Actualmente vive en San Pedro de Montes de Oca. Tiene tres hijos: Marian. Ana Lorena y Federico de 39, 37 y 35 años respectivamente.

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