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La
noticia de su clasificación causó revuelo entre los ticos, acalló las voces
que atribuían su futuro a su posición económica. Aunque el concurso Miss
Universo se inauguró en 1952, no fue sino hasta dos años después que Costa
Rica envió su primera representante; un honor que le correspondió a una
impresionante trigueña de la crema y nada de la sociedad de esos tiempos, que consiguió,
además, de figurar entre las quince semifinalistas.
La
puntuación obtenida la colocó en una honrosa octava posición y aunque Marian
no pasó a la fase siguiente entre las cinco primeras, esa fue una de las dos
ocasiones en que nuestro país estuvo más cerca del máximo galardón de
belleza.
De
cinco pies, siete pulgadas de estatura, esbelta y de aire aristocrático, Marian
era una joven de 18 años cuando vivió esa emocionante experiencia. Amante de
la natación y recién egresada del Colegio Lincoln, deslumbró al jurado local
que clasificó a las candidatas en traje de baño en una sesión privada en una
finca de recreo y en traje de noche, un día después, en el Teatro Ravéntos.
Entre los méritos que resaltó el jurado calificador para fundamentar su
designación, según consta en los comentarios vertidos en los diarios de
la época, estaba "la apacible belleza de su rostro, la magnífica línea
escultural, la distinción de sus ademanes, el armonioso caminar, su simpatía y
su amplia cultura, y dentro de todo ello, su admirable sencillez". Todo eso
era algo que la costarricense sabría capitalizar muy bien en el exterior.
Aún conserva el trofeo y la cinta
de recibió, así como el vestido de "concha" (regional) que lució en
Long Beach. Pero de dinero, !nada! sin embargo, la joven, hija de don Rodolfo
Esquivel Carranza y de doña May Mckeown, gozaba de una acomodada
posición económica que la respaldaba como para no reparar en detalles y
sus padres gustosos afrontaron los gastos.
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Con maletas repletas y muy
segura de sí misma, partió la joven reina dispuesta a no reducir la
experiencia a un simple viaje de placer, sino a disputar con espíritu
competitivo el centro... o cuando menos. una disposición destacada que sacara a
un pequeño punto geográfico como Costa Rica, del anonimato que podía envolver
por esos años a un país centroamericano. Su espontaneidad y su aplomo se
reflejan en todo momento y aprovechó cada entrevista para demostrar su dominio
del inglés sin el menor asomo de nerviosismo. La
política internacional tuvo sus implicaciones en el certamen aquel año al
negársele la visa a la representante de Grecia, Ryca Dialyma, de acuerdo con la
Ley Mc Garran, por haber colaborado en una revista comunista. A
Marian, por su parte, no le faltaron propuestas para incursionar en el cine,
incluso conoció personalmente a Tony Curtis y otros famosos de esos años. Pero
la actuación no iba con su personalidad, ni con sus planes y simplemente
decidió quedarse en los Estados Unidos, al lado de sus tías. Allá
conoció al empresario peruano Juan Grant, dueño del Hotel Winston, con quien
viajó a Costa Rica poco después para casarse. Luego regresaron a Norteamérica
donde fijaron su residencia. La
gente tenía fresco el recuerdo de su magnífico papel en Miss Universo y muchos
curiosos asistieron a su boda en la Iglesia Santa Teresita. Hoy Marian está
agradecida con Dios por el don de la vida, especialmente después de
dictaminársele un tumor del que dice fue sanada milagrosamente. Tras envuidar
en 1970, Marina regresó a su querida patria. Actualmente vive en San Pedro de
Montes de Oca. Tiene tres hijos: Marian. Ana Lorena y Federico de 39, 37 y 35
años respectivamente.
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